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Los decretos son del Ejecutivo y dicen en qué se gastó. Las ordenanzas son del Concejo Deliberante y dicen qué se autorizó, cuánto se presupuestó y qué rendiciones se aprobaron. Sin ellas no hay contra qué comparar el gasto.
De dónde salen. De los boletines oficiales del municipio, que publican las ordenanzas completas. Se cortan por su encabezado —ORDENANZA Nº …— y se interpreta cada una por separado.
Un archivo de ordenanzas contesta qué se sancionó, y no contesta lo que casi siempre importa más: cuál sigue en pie. Cuando el municipio publica su propio listado de derogadas y modificadas, se puede decir.
Es la cifra que faltaba: lo que el Concejo autorizó gastar en el año. Cada una es una ordenanza con su boletín detrás.
La Cuenta General es el acto por el cual el Concejo aprueba —o rechaza— lo que el Ejecutivo ejecutó en un ejercicio ya cerrado. Es el cierre del circuito, y lo que dice cada una importa: aprobar «sujeta a observaciones» no es lo mismo que aprobar.
Las ordenanzas citan decretos por número. Cuando el decreto citado es el de una obra, se puede afirmar sin interpretación que el Concejo llegó a tratar ese gasto.
| Obra | Comprometido | Ordenanza | Qué dispone |
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| Ordenanza | Tipo | Qué dispone | Monto | Boletín |
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